
19 agosto 2009
Perversion sexual

18 agosto 2009
Ojos de gata


Natalia Vodianova nació el 28 de Febrero de 1982 en Nizhni Nóvgorod (Rusia). A los 11 años comenzó a vender frutas en el puesto ambulante que tenia su madre. A los 15 se apunto a una academia de modelos. A los 17, tras aprender ingles en solo 3 meses, se traslado a París y firmo su primer contrato con una agencia de modelos. El año pasado tuvo unos ingresos de alrededor de 4′5 millones de dolares. Según la revista Forbes, esta rusa ocupa el séptimo lugar en la lista de modelos con mayores ingresos.
15 agosto 2009
Pobre España
España ya no es Europa (ni se le parece)

Es el gran éxito, la gran hazaña, de Rodríguez Zapatero: ha conseguido que un país que hace poco más de seis años se había posicionado como una de las naciones más influyentes y una de las economías más prósperas del mundo desarrollado, ahora sea la cola de Europa para todo, en lo económico y en lo político, y curiosamente siga los mismos pasos, en este caso de sumisión y no de colaboración, con la administración Obama que dio el anterior Gobierno con la administración Bush y nos estemos implicando como auténticos cobayas del Ejército Norteamericano en una guerra, la de Afganistán, que no es ni más legal ni más justa que la de Iraq, y para colmo sin que eso suponga ningún tipo de ventaja económica ni trato preferencial hacia España por parte de Washington, como sí ocurrió entonces.
Mantener aquel estatus no era muy difícil, bastaba con hacer las reformas necesarias para que la economía siguiera creciendo y, sobre todo, no se desplomara en una fase baja del ciclo, y congeniar esas reformas con una política exterior huidiza de gobiernos antidemocráticos y dirigida a reforzar la colaboración transatlántica al tiempo que se afianzaba la nueva posición privilegiada en Europa. En lugar de eso, en su primera legislatura Rodríguez optó por la inoperancia en lo económico y el aislamiento en la política exterior, evitando las reformas y estrechando lazos con países muy poco fiables como todos los que orbitan alrededor de la pesudo-democracia del Mono Chávez en Venezuela.
¿Algún cambio en la segunda legislatura? Para nada. Instalados en la recesión, el Gobierno sigue optando por huir de las reformas y se limita a la política de parcheo para salvar una crisis imposible, y si daba la sensación de que tras el cambio de inquilino en
No solo eso, sino que encima Rodríguez parece empeñado en asemejarse a alguno de los tiranos a los que admira a base de perseguir a la oposición y enjaular a políticos del PP a los que ofrece como carnaza veraniega a las hambrientas televisiones, esposados y violados sus derechos constitucionales, mientras en la misma isla en la que Interior ordena la caza de brujas de políticos del PP, a Rubalcaba se le escapan los terroristas y colocan nuevas bombas en bares y restaurantes. Apoteósico. Espeluznante, diría más bien.
Este país es una farsa, una cuchufleta de feria comandada por un indocumentado incompetente solo obsesionado por su permanencia en el poder, no sea que dentro de dos o tres años se quede sin sus veraneos en el Palacio de
El viernes, víspera de
Y el paro es una auténtica desgracia para una economía porque implica necesariamente una contracción del consumo –como ha puesto de manifiesto, de nuevo, la tasa negativa del IPC en julio- que retrasa aún más el crecimiento.
En Galicia existen sitios que parecían imposibles: poco –por no decir nada- turismo, playas casi vacías, gente encantadora y buena gastronomía. De las cuatro características, sigue conservando tres, pero las playas ahora están llenas, aunque no de turistas sino de propios, y eso solo se explica porque la gente no se ha ido de vacaciones y se ha quedado a pasar el verano en su lugar de residencia habitual, gente de los pueblos de alrededor, de incluso algo más lejos, que aprovechan las horas de luz de las largas tardes del verano para disfrutar de un rato de sol y playa.
03 agosto 2009
Los amos del mundo
No crean riqueza, sino que especulan. Lanzan al mundo combinaciones fastuosas de economía financiera que nada tienen que ver con la economía productiva. Alzan castillos de naipes y los garantizan con espejismos y con humo, y los poderosos de la Tierra pierden el culo por darles coba y subirse al carro. Esto no puede fallar, dicen. Aquí nadie va a perder. El riesgo es mínimo. Los avalan premios Nóbel de Economía, periodistas financieros de prestigio, grupos internacionales con siglas de reconocida solvencia. Y entonces el presidente del banco transeuropeo tal, y el presidente de la unión de bancos helvéticos, y el capitoste del banco latinoamericano, y el consorcio euroasiático, y la madre que los parió a todos, se embarcan con alegría en la aventura, y meten viruta por un tubo, y luego se sientan a esperar ese pelotazo que los va a forrar aún más a todos ellos y a sus representados. Y en cuanto sale bien la primera operación ya están arriesgando más en la segunda, que el chollo es el chollo, e intereses de un tropecientos por ciento no se encuentran todos los días. Y aunque ese espejismo especulador nada tiene que ver con la economía real, con la vida de cada día de la gente en la calle, todo es euforia, y palmaditas en la espalda, y hasta entidades bancarias oficiales comprometen sus reservas de divisas. Y esto, señores, es Jauja.
Y de pronto resulta que no. De pronto resulta que el invento tenía sus fallos, y que lo de alto riesgo no era una frase sino exactamente eso: alto riesgo de verdad. Y entonces todo el tinglado se va a tomar por saco. Y esos fondos especiales, peligrosos, que cada vez tienen más peso en la economía mundial, muestran su lado negro. Y entonces, oh prodigio, mientras que los beneficios eran para los tiburones que controlaban el cotarro y para los que especulaban con dinero de otros, resulta que las pérdidas, no. Las pérdidas, el mordisco financiero, el pago de los errores de esos pijolandios que juegan con la economía internacional como si jugaran al Monopoly, recae directamente sobre las espaldas de todos nosotros. Entonces resulta que mientras el beneficio era privado, los errores son colectivos, y las pérdidas hay que socializarlas, acudiendo con medidas de emergencia, con fondos de salvación para evitar efectos dominó y chichis de la Bernarda. Y esa solidaridad, imprescindible para salvar la estabilidad mundial, la paga con su pellejo, con sus ahorros y a veces con su puesto de trabajo Mariano Pérez Sánchez, de profesión empleado de comercio, y los millones de infelices Marianos que a lo largo y ancho del mundo se levantan cada día a las seis de la mañana para ganarse la vida.
Eso es lo que viene, me temo. Nadie perdonará un duro de la deuda externa de países pobres, pero nunca faltarán fondos para tapar agujeros de especuladores y canallas que juegan a la ruleta rusa en cabeza ajena. Así que podemos ir amarrándonos los machos. Ése es el panorama que los amos de la economía mundial nos deparan, con el cuento de tanto neoliberalismo económico y tanta mierda, de tanta especulación y de tanta poca vergüenza.
Arturo Pérez-Reverte
Esa gentuza
Sé que esto es excesivo. Que siempre hay justos en Sodoma. Gente honrada. Políticos decentes cuya existencia es necesaria. No digo que no. Pero hablo hoy de sentimientos, no de razones. De impulsos. Yo no elijo cómo me siento. Cómo me salta el automático. Algo debe de ocurrir, sin embargo, cuando a un ciudadano de 57 años y en uso correcto de sus facultades mentales, con la vida resuelta, cultura adecuada, inteligencia media y conocimiento amplio y razonable del mundo, se le sube la pólvora al campanario mientras asiste al desfile de los diputados españoles saliendo de las Cortes. Cuando la náusea y la cólera son tan intensas. Eso me preocupa, por supuesto. Sigo caminando carrera de San Jerónimo abajo, y me pregunto qué está pasando. Hasta qué punto los años, la vida que llevé en otro tiempo, los libros que he leído, el panorama actual, me hacen ver las cosas de modo tan siniestro. Tan agresivo y pesimista. Por qué creo ver sólo gentuza cuando los miro, pese a saber que entre ellos hay gente perfectamente honorable. Por qué, de admirar y respetar a quienes ocuparon esos mismos escaños hace veinte o treinta años, he pasado a despreciar de este modo a sus mediocres reyezuelos sucesores. Por qué unas cuantas docenas de analfabetos irresponsables y pagados de sí mismos, sin distinción de partido ni ideología, pueden amargarme en un instante, de este modo, la tarde, el día, el país y la vida.
Quizá porque los conozco, concluyo. No uno por uno, claro, sino a la tropa. La casta general. Los he visto durante años, aquí y afuera. Estuve en los bosques de cruces de madera, en los callejones sin salida a donde llevan sus irresponsabilidades, sus corruptelas, sus ambiciones. Su incultura atroz y su falta de escrúpulos. Conozco las consecuencias. Y sé cómo lo hacen ahora, adaptándose a su tiempo y su momento. Lo sabe cualquiera que se fije. Que lea y mire. Algún día, si tengo la cabeza lo bastante fría, les detallaré a ustedes cómo se lo montan. Cómo y dónde comen y a costa de quién. Cómo se reparten las dietas, los privilegios y los coches oficiales. Cómo organizan entre ellos, en comisiones y visitas institucionales que a nadie importan una mierda, descarados e inútiles viajes turísticos que pagan los contribuyentes. Cómo se han trajinado –ahí no hay discrepancias ideológicas– el privilegio de cobrar la máxima pensión pública de jubilación tras sólo 7 años en el escaño, frente a los 35 de trabajo honrado que necesita un ciudadano común. Cómo quienes llegan a ministros tendrán, al jubilarse, sólidas pensiones compatibles con cualquier trabajo público o privado, pensiones vitalicias cuando lleguen a la edad de jubilación forzosa, e indemnizaciones mensuales del 100% de su salario al cesar en el cargo, cobradas completas y sin hacer cola en ventanillas, desde el primer día.
De cualquier modo, por hoy es suficiente. Y se acaba la página. Tenía ganas de echar la pota, eso es todo. De desahogarme dándole a la tecla, y es lo que he hecho. Otro día seré más coherente. Más razonable y objetivo. Quizás. Ahora, por lo menos, mientras camino por la carrera de San Jerónimo, algunos sabrán lo que tengo en la cabeza cuando me cruzo con ellos.