
19 agosto 2009
Perversion sexual

17 octubre 2008
Viaja seguro en el Metro
- El travesti subió a la cabina del conductor en la estación de Sol
- Fue el propio travesti quien denunció el caso, ya que el conductor se negó a pagarle
- Metro no puede sancionar al trabajador por lo que hiciera en la cabina
Al parecer, fue el propio travesti el que denunció el caso, ya que el conductor del convoy se había negado a pagarle, según su versión. Finalmente, intervinieron los agentes y el transexual denunció lo ocurrido en la estación de Moncloa y en las instalaciones centrales de la compañía.
De acuerdo con las indagaciones de la compañía, el maquinista y el travesti llegaron a un acuerdo para practicar sexo en la cabina. En la estación de Sol el transexual entró en el habitáculo.
Minutos después el tren llegó a su recta final en la estación de Moncloa. Allí el travesti reclamó al conductor el dinero acordado. Sin embargo, el maquinista se negó a pagarle, lo que provocó la indignación del travesti, que comenzó a gritarle y a empujarle, llegándole a arrancar su placa identificativa, de acuerdo con las primeras pesquisas realizadas.
El travesti, muy enojado, y el conductor, también muy acalorado, se pelearon en el andén y la violencia llegó a tal extremo que el conductor llamó al puesto de mando para que enviaran al lugar a guardias jurados. Durante la trifulca el tren estuvo parado unos minutos en Moncloa, mientras los pasajeros no entendían lo que estaba sucediendo.
Denuncia ante las oficinas centrales
El travesti pensó en presentar una denuncia en la Policía, aunque, finalmente, decidió delatar los hechos en las oficinas centrales del Metro en Canillejas. Según sus palabras, no estaba dispuesto a que el conductor se riese de él.
La dirección de la empresa tuvo conocimiento de los hechos al día siguiente. Se abrió en un primer lugar un expediente para recabar datos y se entrevistó al conductor implicado, que llegó a reconocer parte de los incidentes.
En un primer momento se decidió despedir al conductor por falta muy grave, ya que está 'rigurosamente prohibido' que entre en la cabina de mando persona alguna ajena al servicio. "En cabina sólo debe estar el conductor y, en su caso, el personal autorizado", añadió un portavoz de la empresa.
Incumplimiento de normas básicas
El trabajador de Metro también incumplió otra norma básica, ya que en el momento en el que entra una persona ajena a la compañía en el convoy debe llamar al Puesto Central de Control, que está situado en Vallecas.
Posteriormente, en el juicio de conciliación, la empresa llegó a un acuerdo con el empleado y aceptó su readmisión después de que éste aceptara una sanción de empleo y sueldo durante 30 días por 'falta muy grave' y apercibimiento de despido. En caso de que el empleado tenga otra falta grave podrá ser despedido definitivamente de la compañía.
Las mismas fuentes del Metro indicaron que la compañía no puede sancionar a este trabajador por lo que hiciera dentro de la cabina, ya que no se tiene constancia de lo que ocurrió en su interior, pero sí por introducir a una persona extraña en el puesto de conducción. Este tipo de trenes no lleva cámaras para grabar lo que ocurre dentro del vagón.
Según el Metro, los pasajeros no corrieron ningún peligro en ningún momento, "pues todos los trenes de la red cuentan con sistemas de protección y conducción automática, que impiden que cualquier imprevisto que le suceda al conductor afecte a la seguridad de los viajeros".
Solo puedo decir una cosa..........ALUCINANTE
05 junio 2007
Hablemos de sexo
El sexo: ¿una carrera hacia el orgasmo?
¿Cuál es el patrón de ‘relación sexual’ considerado normal en nuestra sociedad? La mayoría de las personas hablan poco de su vida erótica con los demás. La conversación sincera sobre la vida erótica, y sobre todo, sobre los problemas en los encuentros eróticos, es bastante escasa especialmente entre los hombres. En muchos casos, el deseo de ajustarse a lo que “se considera normal”, dificulta la comunicación abierta en temas de sexualidad.
Debido a esta falta de información fidedigna, a la falta de educación sexual, etcétera, las personas de nuestra sociedad realmente desconocen las costumbres eróticas del resto de la población.
¿Cómo es la vida erótica de las personas y las parejas de nuestra sociedad? ¿De dónde vienen nuestros conocimientos al respecto? ¿Acaso podemos ver lo que hacen las demás personas y las demás parejas? No lo sabemos pero lo suponemos, basándonos en los conocimientos que obtenemos de diversas fuentes.
Una de estas fuentes es la televisión. En la televisión podemos observar gente manteniendo encuentros eróticos. Desgraciadamente las relaciones que nos muestra la ‘caja tonta’ no se libran de estereotipos y mitos. Es más, están plagadas de ellos. Vemos constantemente el mismo tipo de encuentro erótico dentro de un mismo patrón de relación de pareja. Esto es, pareja joven, heterosexual, que realizan unas caricias preliminares más o menos extensas y que, acto seguido, pasan al coito: la relación sexual por excelencia.
Por lo tanto, la televisión nos muestra o nos insinúa cómo debe ser todo encuentro erótico: unas caricias para poner a tono y se pasa a los genitales. Luego se penetra (el hombre penetra), y todo debe acabar en orgasmo (de ambos). Siempre lo mismo. Un inicio, un medio, un fin, un objetivo.
Una gran variedad de juegos
Desgraciadamente la televisión no suele mostrarnos una gran variedad de juegos que forman parte de la vida erótica de las personas (en especial las parejas la que mantienen más rica y satisfactoria) tales como los juegos eróticos no coitales y no genitales (besos y abrazos prodigados a lo largo del día, bromas y juegos), las caricias sin coito, los masajes sensuales, la masturbación en soledad o con la pareja como complacido espectador o espectadora, la masturbación mutua con las manos, la masturbación con el cuerpo del amante o la amante (abrazándose y frotándose con el otro cuerpo o con parte del mismo), la masturbación mutua con juguetes como vibradores, la masturbación oral (con la lengua o los labios), el coito prolongado (coito realizado durante un largo espacio de tiempo y donde la parte fundamental la juegan las caricias no genitales, y que no tiene como fin último el orgasmo, sino el disfrute de las sensaciones), las fantasías e imágenes eróticas que proyectadas en la cabeza de los amantes añaden placer y sabor al encuentro real…
Muchos de estos juegos no incluyen los genitales. Tampoco el orgasmo, ni lo tienen como fin. Incluso otros, como las fantasías, ni siquiera incluyen el cuerpo. Sin embargo, no dejan de ser muy placenteros y hacen disfrutar tanto o más que el ‘tradicional’ coito.
Erróneamente tales juegos eróticos se han considerado inmaduros, sustitutos del coito, de menor ‘calidad’, incompletos, o un “preliminar” de “lo que debe ir a continuación”.
Por otra parte, el coito en muchas parejas también se realiza siempre de la misma manera: en el mismo sitio (casa), en el mismo lugar (cama), a la misma hora (noche), los mismos días (fines de semana es lo más frecuente) con la misma postura (hombre encima), con el mismo esquema de caricias (se acarician las mismas zonas), dedicando el mismo tiempo a las caricias de cada zona, y haciéndolo más o menos en el mismo orden, con los mismos roles de pareja (hombre activo que inicia la relación, mujer pasiva que recibe las caricias)… Y, por supuesto, sin usar fantasías durante el mismo (es decir, ni él ni ella pueden estar pensando en otras personas, o estar imaginándose en otras situaciones, o estar imaginando que están haciendo otra actividad distinta…).
Una concepción de la erótica centrada en un fin (el orgasmo) a través de un único medio (el coito) puede producir una presión excesiva por “rendir” y “lograr ese objetivo” (orgasmo mutuo), a través de una “ejecución óptima” del coito. Nos encontramos en este caso con “una carrera”, donde además hay una meta, y hay que llegar a la misma de la manera más rápida o más óptima.
De esta forma, las caricias, en lugar de ser fuente de placer y disfrute (gratificantes por sí mismas, y realizadas por el placer de realizarlas o recibirlas), se convierten en un medio para lograr o producir el orgasmo. El encuentro erótico adquiere un cierto patrón mecánico: te acaricio para lograr tu excitación (la erección o la lubricación), y excitarme luego yo también rápidamente, y así poder realizar un coito, y buscar un orgasmo.
Pero podemos concebir el encuentro erótico como un paseo. Un paseo que no siempre tiene que llevarnos al mismo sitio, ni siguiendo la misma ruta. La gracia reside en que de vez en cuando conocemos sitios nuevos, caminamos por lugares distintos, y no tenemos que llegar a ningún lado, simplemente disfrutamos del camino y luego ya se verá.
La realidad es que el orgasmo no debe ser considerado el fin o el objetivo de la relación erótica, sea o no genital dicha relación. El orgasmo puede darse en un momento dado o no, pero también se puede disfrutar sin orgasmo, también se pueden dar goce y placer sin él. El único fin de un encuentro erótico es disfrutar, dejarse llevar por las sensaciones agradables, la compañía de otra persona, el placer de tocar y ser tocado, el gozo del contacto con otra piel... El orgasmo no es imprescindible, ni tampoco el coito, ni siquiera los genitales han de ser siempre los “invitados estrella” de la fiesta.
El cuerpo de la otra persona, y nuestro propio cuerpo, es una fuente de placer en su totalidad. Desde los cabellos de la cabeza a los dedos de los pies. Los genitales son sólo una de las muchas zonas que pueden producir placer. El cuerpo es como el mundo entero, podemos visitar siempre las mismas ciudades, o podemos disfrutar cada día de una zona distinta, o de unas zonas distintas.
Recuerde que tener el cuerpo entero para disfrutar y aprovechar sólo una parte (los genitales) es como tener el mundo entero para viajar, y no salir nunca de nuestro pequeño pueblo. Tal vez nos estemos perdiendo muchas cosas.
15 mayo 2007
Los beneficios del sexo
¿Que nos hemos pasado con la cena? Ningún problema. El sexo quema todas las calorías ingeridas en la velada y constituye uno de los ‘deportes’ más completos que se pueden practicar ya que tonifica y fortalece todos los músculos del cuerpo. Sin duda es mucho más agradable una noche de pasión que nadar veinte largos o pasar la tarde con aburridas máquinas de gimnasio.
Tranquilizante, analgésico y anti-histamínico natural. Todo eso es el sexo. Es diez veces más eficaz que el Vallium, alivia los dolores de cabeza al mitigar la tensión de los vasos sanguíneos del cerebro y puede ayudar a combatir el asma y la sinusitis. Por otra parte, las relaciones sexuales reducen la incidencia de dermatitis, granos e imperfecciones cutáneas. Al practicar sexo los poros se limpian gracias a la transpiración, por lo que los amantes asiduos gozarán de un cutis resplandeciente sin necesidad de caros tratamientos.
Una cura instantánea para las pequeñas depresiones
Los besos pueden llegar a parecer algo infeccioso. Unas 40 mil bacterias pasan de una boca a otra, pero la mayoría son inofensivas, y además nuestra saliva contiene sustancias desinfectantes. La ciencia asegura que besarse es saludable, pues además de ejercitar unos 30 músculos faciales reduce la tasa del ácido que provoca la caries y evita la producción de la placa dental. Besar con constancia alarga la vida y previene enfermedades, además de mejorar la autoestima. Todo ventajas.Para las pequeñas o grandes depresiones el sexo supone una cura instantánea. Los médicos están de acuerdo en que las relaciones de pareja cariñosas y la actividad sexual frecuente favorecen la salud. Volvemos a hablar de actividad hormonal. Durante los juegos sexuales preliminares aumenta la secreción de oxitocina, la cual influye en la formación de sentimientos profundos y poderosos. En la unión sexual se liberan endorfinas, las cuales causan una sensación de bienestar y durante el orgasmo se libera prolactina, que es antiestrés, y serotonina, que produce una sensación de felicidad completa. Es la pescadilla que se muerde la cola. Cuantas más relaciones se tienen, más se desean. Aunque no sea perceptible a través del olfato, las personas sexualmente activas emiten una especie de mensajes químicos al cerebro, es decir, un perfume sexual que atrae de forma subconsciente al compañero/a. Todos a beneficiarse, los médicos lo recomiendan.
17 abril 2007
El kamasutra
Las diez posturas más famosas del Kamasutra
El famoso libro del Kamasutra es un antiguo texto hindú creado hace más de 2.000 años que estudia el comportamiento sexual del hombre. Una obra escrita por Vatsyayana (cuyo título completo es Vātsyāyana Kāma-sūtra, es decir, Los aforismos sobre la sexualidad, de Vatsyayana), con rigor e intención didáctica a la que recurren aquellos que pretenden escapar de la monotonía y los verdaderos apasionados del amor.
Y dado que la obra nunca pasa de moda, la página web Urgente24 ha recopilado las 10 posturas más aplaudidas del Kamasutra para dar rienda suelta a la imaginación y a las fantasías de cada uno:
1. El cartero: La mujer está tumbada sobre la espalda, las nalgas en el borde de la cama. El hombre se encuentra arrodillado en el suelo sobre unos almohadones o de pie y la penetra acariciándole los senos. Esta posición puede hacerse también sin el movimiento de vaivén, la mujer atrae hacia ella a su pareja, envolviéndole con sus piernas entrelazadas.
2. La amazona: El hombre se encuentra cómodamente sentado sobre una silla. La mujer se monta a horcajadas sobre él. Mientras que ella hace movimientos de vaivén, él le mordisquea los senos y guía los movimientos con sus manos. Esta posición es original y estimulante.
3. La adoración: Ella a cuatro patas apoyada cómodamente sobre sus antebrazos. Él, de rodillas la penetra por detrás. Esta postura clásica resulta muy placentera para los dos dado que permite un penetración profunda. Procura igualmente al hombre un punto de vista muy excitante, permitiéndole satisfacer sus fantasías de dominación. Algunas mujeres se pueden sentir un poco humilladas con esa postura. A otras puede producirles dolor.
4. La libélula: Ambos tendidos de costado, en un lugar cómodo y flexible, como la cama. Ella de espaldas a él, los cuerpos amoldados... En un alarde de destreza, la mujer pasa su pierna externa flexionada: el hombre la penetra haciendo palanca con la pierna de ella, que se apoya en la cadera de él. Los secretos que el hombre puede propiciarle a su compañera por la cercanía de su oreja son el condimento perfecto para alcanzar el máximo de placer. La penetración llega hasta la mitad del camino, por lo que el goce viene de la mano del deseo de que se haga profunda y estalle en el orgasmo más excitante.
5. La profunda: Esta es una posición de penetración total, de allí su nombre. Con las piernas elevadas y abiertas, ella aguarda a su compañero para calzar sus piernas en los hombros de él, que apoyará sus manos para regular el movimiento. A muchas mujeres puede parecerles complicada, incómoda o dolorosa la visualización de esta postura, pero vale la pena probarla porque ofrece la penetración absoluta y un contacto genital único. La dificultad para besarse y la distancia de los rostros pueden ser ampliamente excitantes para ambos.
6. La acrobática: No apta para cuerpos entumecidos, esta posición puede parecer incómoda, pero si la flexibilidad lo permite puede resultar muy excitante. El se acuesta relajado. Ella se coloca de espaldas a él, flexiona sus rodillas y se inclina hacia atrás, lentamente. Para activar el movimiento necesario para el coito, ella debe levantar su vientre y relajarlo sobre el de su compañero. No tiene más que relajar el resto del cuerpo hasta acabar más cansada que nunca, lo que hace más excitante el orgasmo. Según el Kamasutra muchas de estas posiciones están tomadas del hatha yoga, por lo cual pueden resultar difíciles para los no iniciados.
7. La hamaca: El hombre está sentado (preferentemente en una superficie dura, no la cama), con las piernas flexionadas y se toma la parte posterior de sus rodillas. De esta manera, recibe a la mujer, que se acomoda en el espacio que queda entre las piernas de él y su tronco. El presiona con las rodillas el cuerpo de su compañera, la atrae hacia el suyo provocando el vaivén de ambos mientras, por ejemplo, le besa los pechos que están a la altura de su rostro. Una sensación única que recuerda el tierno ir y venir de las hamacas de la infancia.
8. El sometido: El hombre se acuesta cómodamente entregando su placer a la voluntad de su compañera. Aprovechar este juego de sometimiento masculino puede ser un estimulante total para ambos: el encuentro puede empezar con caricias y besos de ella a él, que permanece siempre en la misma posición, para terminar en la penetración profunda que permite la posición, donde ella se coloca de espaldas y controla los movimientos ayudándose de los brazos. Muy erótico para el hombre resulta que ella asome su rostro por sobre su hombro.
9. La somnolienta: La mujer se tiende de costado y el hombre se ubica en su espalda. Ella estira una pierna hacia atrás y la enrosca en la cintura de él. Ideal para hombres dotados y mujeres flexibles, 'la somnolienta' cumple varios anhelos de las mentes fantasiosas: en primer lugar, que ella esté de espaldas a él, y al mismo tiempo acceda a su rostro y cuello. La apertura de la pierna posterior de ella y el abrazo de esa misma pierna alrededor del compañero es quizás lo más sexy de esta postura.
10. La catapulta: Elevar las caderas, en el caso de las mujeres, es una valiosa fuente de placer, ya que pone en contacto con el cuerpo del hombre áreas de su cuerpo que, en posiciones más tradicionales, no se tocan. En este caso, el hombre se arrodilla y recibe a su compañera dejando que ella apoye los glúteos en sus muslos. La mujer puede extender sus piernas en el torso del varón o flexionarlas apoyando las plantas de los pies en su pecho. El ritmo lo marcan juntos, acorde al deseo de ambos y a la flexibilidad de la mujer.
23 marzo 2007
La postura del misionero ya no mola
El sexo es y seguirá siendo un universo lleno de interrogantes, descubrimientos y fantasías. Los hábitos y preferencias, tanto de hombres como de mujeres, a la hora de practicar el sexo siempre ha sido objeto de investigación. El penúltimo estudio es de la web Marqueze.net, que ha realizado una encuesta a más de 3.100 usuarios registrados para esclarecer muchos de los interrogantes que giran en torno a las artes amatorias.
La principal conclusión es que las aburridas y repetitivas posturas abren paso a todo un mundo de posibilidades. El Kamasutra –ojeado por casi la mitad de los encuestados- aporta buenas ideas a todos aquellos que apuesten por la experimentación. Los españoles son muy dados a probar nuevas posturas y muchos de ellos afirman dominar cinco o más posiciones. La postura más antigua de todas, la conocida como el “misionero”, baja en el ránking de las preferencias, con un 6,36% de los votos, y deja el primer lugar a la del “perrito”, la preferida de los españoles, con más del 40% de los votos. Los más comodones prefieren colocarse debajo (21,34%), mientras otros se decantan por ponerse “de lado” (7,25%).
El sexo en grupo son palabras mayores. Cada vez son más las parejas que se prestan a intercambios y las personas que se deciden a practicar sexo con dos o más compañeros de ‘faena’, pero lo cierto es que estas opciones, mucho más atrevidas, siguen siendo demasiado ‘liberales’ para la mayoría o directamente nada llamativas. Para el 71% de los participantes en el estudio, el sexo en grupo es algo desconocido, aunque un gran porcentaje de mujeres encuestadas (más del 40%) sí lo ha probado alguna vez. El trío, anhelado por muchos e ignorado por otros, tampoco es muy frecuente, siendo el más practicado el integrado por dos mujeres y un hombre. Casi el 63% de los encuestados nunca ha hecho un trío.
Es aquí donde las inclinaciones sexuales toman protagonismo. Mientras un 47,8% de mujeres reconocen haberse sentido atraídas por personas de su mismo sexo; sólo un 21,32% de hombres admite haberse sentido atraído por otros hombres. En cuanto a la ‘materialización’ de esta atracción, el porcentaje que hombres que ha tenido relaciones sexuales con otros hombres es del 18,57%, frente al 36,63% de mujeres que ha practicado sexo con otras mujeres.
Pero la incógnita estrella es el tamaño del pene: ¿Realmente importa? La eterna pregunta tiene una respuesta casi abrumadora. El 61,37% de los encuestados dan más importancia a la destreza que al tamaño del miembro masculino. Pero la clave para proporcionar placer a la pareja es -para el 11%- otro factor muchas veces olvidado: el grosor.
El considerable aumento de venta de Viagra en España puede llevar a pensar en un posible declive sexual en los hombres españoles. El debate ha trascendido y hasta el diario The New York Times se basó en el número de ventas de este fármaco para hablar del macho español como especie en peligro de extinción. Y es que la frecuencia con la que los españoles mantienen relaciones sexuales es un dato esclarecedor. El 50,38% de los encuestados afirma practicar sexo una o dos veces por semana y el 14,06% menos de una vez al mes. La cosa está muy mala. Sin embargo, el 15,39% de los participantes en la entrevista son más afortunados y disfrutan del sexo a diario. En este sentido, un mayor número de mujeres que de hombres pueden presumir de tener relaciones todos los días.
Aún así, los españoles se puntúan a sí mismos con un 7 en una escala del 1 al 10 a la hora de valorar su maestría en la cama. Los encuestados encuentran inspiración fundamentalmente en las películas ‘X’ para perfeccionar su técnica sexual, aunque también suelen acudir a la opinión de expertos, información de libros, revistas y cómics eróticos, y cómo no, los sabios consejos de amigos. De los miles de encuestados -el 82% hombres y el 18%, mujeres- un 80,72% se declara heterosexual; un 15,86%, bisexual; y un 2,79%, homosexual.