@Juan Carlos Escudier - 28/07/2007
Como se presumía, el caso del secuestro judicial de El Jueves a cuenta de una viñeta de los Príncipes en pleno y corporal ayuntamiento sigue coleando, dicho sea con el debido respeto. El escándalo se ha reavivado por los comentarios del senador del PNV Iñaki Anasagasti, que ha escrito en su blog de Internet que los miembros de la Familia Real son impresentables, intocables y curran menos que el ángel de la guarda, ese ser alado que nunca está cuando se le necesita.
Conjurados en darle la razón en lo segundo, varios dirigentes del PSOE y del PP han salido en tromba en defensa del monarca, al que toda la polémica le ha pillado casualmente de vacaciones en Mallorca. El comentario más jugoso ha sido el de Ángel Acebes –si este hombre no existiera habría que inventarle-, para quien la zafiedad de la viñeta no justificaba el “error” de secuestrar la revista porque “perjudica la libertad de expresión”; pero, en cambio, lo de Anasagasti le ha parecido intolerable, y le exige que pida perdón y rectifique, o que le obligue a ello su partido. En definitiva, que puestos a elegir, siempre será mejor dibujar una coyunda regia que llamar pandilla de vagos a nuestros borbones.
Intocable o no, lo cierto es que la figura del monarca se ha abrillantado tanto con sidol que refulge y que, además de estar constitucionalmente por encima del bien y, dada su inviolabilidad, sobre todo del mal, lleva asociada una utilísima cortinilla, de manera que para lo inconveniente siempre se ha podido correr un tupido velo. Con la moneda al viento, siempre le sale cara: el ReyTejero fracasaba antes de lanzar su mensaje a las cinco de la madrugada, sino que lo abortó con mano de hierro; el Rey no se pasa más de dos meses al año de vacaciones públicas entre Mallorca y Baqueira sino que es un deportista; el Rey no dice cosas inadecuadas sino que se salta el protocolo por campechano y buena gente. Y así. no fue impuesto por el dictador, sino que trajo la democracia; el Rey no se aseguró de que el golpe de
Salvo contadas excepciones, la Prensa jamás se ha cuestionado el papel del monarca porque a la Casa Real no le gustan las bromas, como bien saben los departamentos de publicidad de los medios. Hemos construido un mito en blanco y negro y con voz en off de Victoria Prego. Por cierto, ¿podría explicar alguien qué otro camino que no fuera la democracia plena tenía este país en 1975? ¿Acaso, entre la democracia y la monarquía feudal al estilo afgano, el Rey optó por la primera dada su pasión por la soberanía popular?
Quizás, para entendernos, fuera conveniente reducir a términos estrictamente económicos y comerciales la pervivencia de esta institución medieval, que mantiene unos derechos históricos tan trasnochados como los que el senador reclama para el pueblo vasco. Dicho de otra forma, lo pródiga prole borbónica y sus adosados griegos nos salen por un ojo pero estamos dispuestos a asumir el coste si obtenemos la rentabilidad suficiente. Lo de tener un Rey viste mucho, y las bodas, bautizos y comuniones de la familia, además de darnos un toque retro muy elegante, resultan unas magníficas campañas de publicidad en un país que vive del turismo.
Y como el que paga manda, va siendo hora de que se nos den cuentas de adónde va nuestro dinero y qué servicios se nos presta a cambio, porque está muy feo enterarse de que a un señor que le damos un sueldo para que ponga su firma en las leyes tiene un propio a su servicio, que se llama pendolista, al que salen unos garabatos idénticos, lo que le permite, mayormente, tener el don de la ubicuidad.
Los clientes, o sea, nosotros, queremos saber en qué invierten su patrimonio el Rey, el PríncipeMarichalar, si compran acciones de Endesa o de Telefónica, o si tienen deudas con algún primo árabe, y nos parece fatal que unos empresarios regalen al monarca coches de lujo y yates de primera división oceánica porque, aunque sabemos que por naturaleza es incorruptible e intachable, las tentaciones las carga el diablo. y hasta
En resumidas cuentas, que como los contribuyentes abonamos la fiesta a escote exigimos saber cuántas botellas de champán se ponen en la mesa. Y si alguien quiere hacer chanza del maitre, siempre que no mancille su honor, que la haga, dicho sea, claro está, con el debido respeto.


Ante las repetidas embestidas de la 'mujer-yugular', Bárbara no se achantó, sacó las garras -con razón se casó esta señora con un domador- y amenazó a su interlocutora con contar algún que otro detalle de su vida privada. Patiño no tuvo más remedio que darse a la fuga, por miedo a sabe Dios qué, y entonces soltó su frase para la historia: “Hay una cosa que mis padres me enseñaron desde pequeña, que es la dignidad [ejem, ejem], como si no cobro este programa, [...] que esta señora continúe con el show, pero María Patiño, que ayer se acostó muy tarde para preparar esta entrevista, se marcha del plató”. 
Son gente de natural pacífico y sonriente que le echa a la vida, sobre todo, imaginación. Mejor dicho: imaginación y qat, una planta de propiedades alucinógenas que ha exterminado en pocos años el cultivo del café y que casi todo el mundo lleva en la boca, hecha una bola. Así se ríen como se ríen por todo e inventan las soluciones que inventan para los problemas más variados. Véase, por ejemplo, el caso de la vivienda. Yemen es un país de recursos limitados y que tiene un índice de natalidad extraordinariamente alto. Así que, cuando los niños crecen y se casan, ¿dónde se van a vivir? Muy fácil. Se junta toda la familia, suben al techo del edificio y levantan un piso más. Así durante generaciones. Si van ustedes a Sana’a, la capital, comprobarán que las calles de la enorme zona antigua están llenas de edificios cuya planta baja es del siglo XIV o XV, y la de arriba del todo (octava, novena, décima planta)… la están terminando de encalar. Pero eso se termina viniendo al suelo, dirán ustedes. Bueno, pues no es así. No tengo ni idea del motivo, pero las casas no se caen. Quizá porque están pensadas con una idea muy semejante a la de nuestro Gótico: hay más ventanas que pared, y todas las ventanas llevan sobre el dintel el típico luneto de medio punto, calado y decorado con unas celosías y unas vidrieras que quitan el hipo. Tan sólo en mi catedral de León he visto yo vitrales más hermosos.
En Yemen no son musulmanes. Son, como dirían Les Luthiers, muy sulmanes, sobre todo en el norte sin romanizar por los rusos. El Kandingo ya ha contado aquí cómo estuvo a punto de ser literalmente lapidado por una jarca de mocosos mugrientos, todos de nueve o diez años, que empezaron a tirarle piedras al grito de Ramadan! Ramadan! cuando le vieron fumando en la calle en pleno mes santo del Islam. Abdul me salvó la vida metiéndome de un empujón en la tienda de souvenirs donde estaban mis compañeros. Yo traté de explicarle que, al no ser musulmán, lo del Ramadán no me atañía.